viernes, 29 de agosto de 2008

American Gothic

"How much of it is true? All of it. None of it. Only the shame."
John Banville, The Book of Evidence

Quienes han visto la última película de Batman con una visión crítica coinciden en señalar la incapacidad del director (C. Nolan) para recuperar el espíritu y la complejidad del Batman de Frank Miller (el cómic The Dark Knight Returns en el que más o menos está basada la película) y la facilidad con que el film adhiere al aparato ideológico norteamericano y en especial a su "guerra contra el terror".

Ambas críticas tienen algo de cierto: los momentos de gran tensión y riqueza narrativa que caracterizaban el guión de la novela gráfica de Miller aparecen un tanto diluídos y subordinados al film de acción que preludia la aparición del videojuego (la película convertida en anuncio de mercancías futuras) y la facilidad con la que los personajes utilizan el término "terrorista", parece una contribución al proceso de fabricación de los nuevos enemigos de Estados Unidos.


Sin embargo, los críticos que han descalificado la película por su carácter propagandístico y publicitario tienden a ignorar lo que quizás sea el atractivo más grande de este Batman: la ambigüedad moral que caracteriza a todos sus personajes. Que dicha ambigüedad sea reconocida en una superproducción hollywoodense es un hecho notable en la medida en que revela la incapacidad de la propaganda para construir un tipo ideal de comportamiento en el que los sujetos (personajes y espectadores) puedan y deban reconocerse. Este Batman rebasa lo meramente propagandístico en tanto fracasa en en establecer con nitidez los límites entre el héroe y el villano, entre el mal y el bien y por lo tanto, no puede verse simplemente como expresión de una hegemonía determinada.


No estoy convencido que el amasijo de contradicciones morales y políticas que caracteriza a la película sea el resultado de una crítica sutil del director (si esto es así, Christopher Nolan es un genio y estamos frente a una obra quasi subversiva disfrazada de blockbuster de verano) quizás sea más bien una muestra de que la seguridad de Hollywood sobre su propio orden moral se tambalea y de que la consistencia de la weltanschaung norteamericana es cada vez más dudosa.

Crítica sutil o mero reflejo del malestar cultural de su tiempo, Batman es una película (decadente) sobre la decadencia y en ese sentido está años luz del espíritu de sus predecesoras y de otros filmes de superhéroes en donde la fusión entre héroe y CEO jamás se cuestiona. El Batman de Nolan es apenas heroico: es un personaje tan amoral y oscuramente pragmático como sus enemigos. La película también deja serias dudas sobre la frontera entre el bien y el mal. A diferencia de Superman, donde el mundo moral (una granja costumbrista del Medio Oeste norteamericano, blanca, anglosajona y protestante) está generalmente amenazado por enemigos remotísimos, a menudo extraterrestres, en Ciudad Gótica la separación entre ley y crimen son difíciles de percibir y quienes amenazan el orden son irremediablemente humanos por más que haya cierta inclinación a caricaturizarlos.

Este Batman es también una metáfora de un Estado en crisis. Batman, el Guasón, el fiscal, la policía y hasta el mayordomo funcionan como "tipos ideales" weberianos. Batman puede entenderse como un héroe o un caso clínico de narciscismo esquizofrénico, pero también es susceptible de interpretarse como una metáfora de una forma de paramilitarismo cada vez más frecuente en nuestro tiempo.


Batman es un gran capitalista que no cree en el Estado y que frente a la incapacidad de éste para protegerlo y eliminar a sus competidores en el mundo del dinero (la mafia que encarcela al principio de la película) opta por llevar a la práctica su propia idea del orden y la justicia. Esta idea que no tiene nada de novedosa, adquiere un giro interesante cuando Bruce Wayne descubre que el fiscal de distrito tiene simpatías por el hombre-murciélago y su cruzada ilegal. El fiscal (el Estado) necesita de esta fuerza ilegítima pero efectiva, capaz de pasar por encima de los límites legales al poder para actuar. El pacto tácito entre el fiscal y Batman es un acto fundacional que pone a Ciudad Gótica en ruta hacia el fascismo (Mussolinni definía al fascismo como el momento en que el poder estatal y el poder de las corporaciones privadas se fusionaba) destruyendo el frágil equilibrio entre política y delito que antes existía sumiendo a todos en el caos y la anarquía. Es en ese momento en que aparece otro personaje interesante, el mafioso italiano que busca negociar con la autoridad y tratar de reestablecer cierto balance que los fundamentalismos de Batman y el Guasón han eliminado.


Entre estas voces cargadas de violencia estatal y privada hay una más que también merece mención: Alfred el mayordomo, ha dejado de ser un simple servidor, para convertirse en la sabiduría cruel de un viejo imperialismo. Ahora sirve al nuevo amo del mundo trayéndole la bandeja con el té, pero también con la memoria de las viejas guerras coloniales, en Burma dice, para acabar con los bandidos, tuvimos que quemar el bosque. Es la conciencia (cómplice) que le recuerda a Wayne que su proyecto tiene consecuencias y que para seguir y tener éxito hay que sacrificar a otros.


Cuando veía Batman, puede que estuviera frente a una pieza más de la maquinaria propagandística de Hollywood pero también veía metáforas de Irak, Colombia y México. Veía el mundo ardiendo alrededor mío, rodeado de hombres cada vez más poderosos, ricos y violentos, alienados y sin más contacto con el mundo real que el desprecio. Por un momento me sentí como los habitantes de Ciudad Gótica, atrapado en un barco lleno de explosivos, jugando a la democracia rodeado de soldados. Sólo espero que fuera del cine haya muchos como el preso de la película que toma la única decisión moral del filme, tal vez de la vida: la de no destruir a los otros aún cuando sea posible.

martes, 19 de agosto de 2008

EZ (el original)


¿Y quienes son esos que hablan de memoria historia, idiomas, lugares, sin haber arriesgado nada?

¿Y quienes son aquellos que hacen la guerra detrás de lujosos escritorios?

¿Por qué hay un premio nobel de la paz que premia a los cobardes?

Que otros alaben a hombres eminentes que se llenan la boca de paz.

Yo alabo la agitación y el conflicto.

Que otros alaben el miedo y la soberbia que destruye lo común.

Yo alabo la simpleza y la mirada profunda.

Yo solo quiero que gire el reloj de arena, se desborde la rabia

Y se consuma esta asquerosa desigualdad.

(FCC)

. . .

I

La figura de Zapata está fuertemente arraigada a mi infancia, más por condiciones geográficas que por el conocimiento del líder revolucionario. Mi padre que durante mucho tiempo se había desempeñado como chofer (de camiones urbanos, para Telmex y previamente realizando fletes en la Merced y en la Central de Abastos) había comenzado a trabajar para unos parientes como administrador y agricultor en el estado de Morelos. La colonia donde habitaba, escogida estratégicamente por su módico precio y en una ruta a mitad de las tierras cultivadas se encontraba a un par de kilómetros de Anenecuilco. Lo que recuerdo, y que por muchos años ha sido la imagen misma del lugar es un enorme cartel que anunciaba el pueblo origen de Zapata donde se podía leer su fecha de nacimiento y una ilustración de su cara. El cartel era gigante y descolorido por las lluvias y un nulo mantenimiento.

La primera vez que fui contaba con seis años. Usaba unas pequeñas botas que me hacían el hazmerreír de mi escuela pero no me importaba (demasiado). El ritual del viaje que habría repetirse muchas veces durante casi diez años consistía en trasladarse de madrugada el lunes de la ciudad de México para llegar a la cinco de la mañana a Morelos y poder disponer las actividades que se habrían de realizar en la siembra ese día. En el transcurso pasábamos por Tres Marías, Cuautla, Anenecuilco y Villa de Ayala para poder llegar finalmente a la colonia Olintepec situada inmediatamente después de Villa de Ayala donde había la única gasolinería cercana. En frente de la Olintepec estaba la Colonia Abelardo Rodríguez y siguiendo por ese rumbo se llegaba a Tenextepango, donde regularmente hacíamos las comidas y donde quedaban la mayoría de las tierras de las que se encargaba mi padre. Esa hacienda que había pertenecido al yerno de Porfirio Díaz y con el que Zapata había trabajado como caballerango en la ciudad de México. Poblados también comunes eran los de Moyotepec, Apatlaco y a veces se llegaba hasta Chinameca, Jojutla y Tlaltizapán. Incluso algunas tierras alquiladas eran de la pertenencia de Eufemio Zapata, emparentado en algún grado con el difunto Emiliano.

Anenecuilco se había juntado con Villa de Ayala y no existía división clara por lo que yo los concebía como uno. Además de la gasolinería, había un pequeño hospital a las márgenes del río y un jardín con la figura de Zapata, prácticamente idéntico al que se encontraba cuando uno salía de Cuautla para agarrar la carretera que nos conducía a tierras zapatistas. Mis idas coincidían con la fechas conmemorativas del caudillo: 8 de agosto (nacimiento) y 10 de abril (muerte) y con las de la siembra y cosecha de la cebolla que era lo que mi padre sembraba y cuidaba. En agosto se preparaba la planta, -“el pachol” como se le decía- situación difícil porque coincidía con lluvias y el cuidado de la planta no se hacía en invernaderos –escenario común en la actualidad- sino directamente en la tierra, lo cual lo hacía muy difícil de cuidar. El pachol que estaba en una sola tierra se transplantaba a otras en la primera quincena de septiembre. En abril se coincidía con la semana santa –casi siempre- y con la cosecha de la cebolla. A diferencia de otros estados, como los del norte, en Morelos la cosecha tenía la particularidad de que se arpillaba –poner en los costales- directamente del campo y no en una seleccionadora. El trabajo era arduo y para realizarlo se llevaba gente directamente de Guanjuato porque los campesinos de Morelos no realizaban este trabajo. Siempre que estaba en el campo intentaba con un primo hacer ciertas faenas. Sobra decir que lo hacía mal y lento. Contando con diez años intente participar en el “moche” –arrancar las cebollas, mocharles el rabo y después arpillarlas por tamaño-. Un día de trabajo y un costal fue lo que hice mientras que un trabajador normal haría alrededor de 30 arpillas. Al final de la semana mi tío me pago sesenta pesos, mi padre no le dijo nada a él pero a mi regañó por recibir dinero que no había ganado, una ofensa para el trabajador real. Mi padre había dejado la escuela en tercero de primaria y su primer trabajo fue como peón de campo a los once años.

A pesar de las muchas veces que fui a Morelos y la cercanía con Anenecuilco jamás pasé a conocer la casa –hoy pequeño “museo”- de Emiliano Zapata. Fue así hasta que el 10 de abril de 1999 fuimos a Chinameca y Anenecuilco algunos amigos. En la casa-museo de Zapata en Anenecuilco adquirí una imagen del líder sureño en fuertes vivos rojos; la pagó nuestro Emiliano y creo que costó 10 pesos. Aún conservo la foto.

II

“Este es un libro, acerca de unos campesinos que no querían cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revolución”. Así comienza uno de los libros más famosos sobre el zapatismo. Era una revolución para permanecer en las tierras de sus padres y sus abuelos, en sus pueblos, en sus aldeas y rancherías. El movimiento zapatista era un movimiento social no político, por lo que siempre tuvo problemas para entenderse con los movimientos del Norte más políticos que sociales. Desconoció a Madero y a P. Orozco, desconfió de F. Ángeles y mostró una abierta crítica y desconfianza de Carranza al que percibían como otro P. Díaz. Creyó en Villa pero los villistas los dejaron solos cuando más lo necesitaban y finalmente se aliaron con A. Obregón.
Zapata siempre fue el líder del movimiento en el sur. Su reconocimiento no era por el liderazgo –que lo tenía- sino por el cariño que le tenían a él y a su familia. Se escogió a Zapata como líder por que si algo sabían los campesinos de Morelos era que él no los traicionaría. En efecto, esta era la obsesión de Emiliano: no traicionar a su gente, a su pueblo, a su tierra. El cariño entre iguales le dio a Emiliano el liderazgo y ese mismo cariño obligaba al hosco revolucionario a ser desconfiado sobre todo de la ciudad de México y sus políticos.

Por otra parte, el zapatismo siempre fue un movimiento desdeñado por ser el de la gente con la piel más oscura y de menor estatura, por ser campesinos de calzón de manta, por ser “indios” en suma. El líder que para entonces habitaba en Tlaltizapán vivía sin lujos e igual que la que la mayoría del campesinado del morelense. “El lujo del año (1915) fue una corrida de toros en Yautepec. Allí Salazar (Amado Salazar, primo de Emiliano y líder de Yautepec. N. de JB) había construido una placita de toros enfrente de la estación del ferrocarril y Juan Silveti famoso novillero que más tarde se convertiría en uno de los mejores toreros de México, lidió dos novillos de la ganadería prestigiada en Toluca tenía Ignacio de la Torre y Mier. … Las familias lugareñas habían luchado largamente para recuperar sus tradiciones rurales. Y en su estado agrario sólo querían tener otras familias campesinas como ellas mismas. Había algo de metódico en esta intolerancia, en esta rudeza deliberada, en esta voluntaria ignorancia de las costumbres finas. Pues la gente de la ciudad era portadora de malos presagios. Hasta los perros les ladraban.”(Womack, Zapata y la revolución mexicana, México, Siglo XXI, 1969. p. 238-239). La hosquedad y desconfianza del líder eran las mismas de la gente; Zapata era uno más de ellos.

Probablemente las grandes virtudes sean también los grandes defectos de las personas. Las características de EZ que lo hacían el líder indiscutible de la guerrilla morelense fueron también lo que hicieron que el movimiento permaneciera en lo local y no trascendiera a lo nacional; lo social era la base y lo político casi no importaba. En los términos de Laclau, Zapata sería un líder populista que había reconocido en el campesinado de Morelos una demanda específica: la tierra. Incluso estando de acuerdo en esta demanda principal Zapata difería en el enfoque. Había que trabajar la tierra para el mercado, decía Zapata. Debía dejarse de sembrar maíz y producir más caña de azúcar que trajera mayores beneficios económicos para los campesinos. Estos diferían en la visión y preferían sembrar en las tierras recuperadas maíz, tomate, frijol y cebolla, cosas simples para el consumo cotidiano, sin plusvalor en el mercado. Emiliano no estaba de acuerdo pero mandó obedeciendo; el tampoco quería cambiar muchas cosas y por eso fue el líder revolucionario que Morelos quería.

Siempre alejados del centro y de la política nacional, solamente algunas demandas zapatistas de corte agrario se vieron satisfechas con la alianza de Gildardo Magaña (líder del zapatismo a la muerte de Emiliano) y el gobierno obregonista. Después de la pausa que significó ese gobierno los zapatistas volvieron al enfrentamiento con el gobierno callista. Las exigencias no eran ahora de tierra y libertad solamente, también se demandaba la libertad religiosa. Estos revolucionarios no eran de corte jacobinista desafiando el modelo tradicional. Si bien es cierto que los cristeros encontraron su lugar de proyección en el Bajío y Occidente de México, en Morelos hubo una fuerte defensa de la religiosidad popular y siempre fue encabezada por los antiguos jefes zapatistas. Benjamín Mendoza uno de los principales lideres zapatistas modificó su lema: “¡Tierra y libertad!" y le añadió "¡Viva Cristo Rey!”. La religión y la tierra eran (¿son?) cosas serias para estos campesinos que lucharon contra el Estado en varias ocasiones y contra distintas facciones revolucionarias para mantener sus tradiciones.

Parece ser que EZ fue uno más del pueblo, con sus virtudes y errores, y eso lo transformó en el líder social más significativo del último siglo.

(JB)

. . .

Ilustres revolucionarios:


Este ilustrador revolucionado convoca, sí,
convoca. No se hagan: ya va siendo hora de que la ilustración aparezca primero y el texto después. Sin más, un abrazo lleno de pólvora de PB.
Esto no es un concurso. Colaboración dispuesta, colaboración puesta.

martes, 12 de agosto de 2008

El jugador

¿Qué cómo conocí a Ibrahim El Rahman? Una mañana de principios de noviembre llegué a su casa. La fachada era de cantera lisa y alta como si se tratara de una instalación militar o una embajada y no la casa que uno encontraba tras el portón de hierro. Me dijeron que no tocara el timbre y no lo hice. El guardia de la caseta del callejón te anunciaba y después de un rato un hombre pequeño abría la puerta con una sonrisa. Su notoriamente corta estatura no le restaba, sin embargo, presencia. Daba la impresión de ser un hombre maduro a pesar de no representar más de treinta y cinco años. Tenía pelo negro y un tanto crespo y las canas no pasaban de unas cuantas que le daban el aspecto un tanto brillante a su cabellera. Después de las formales presentaciones pasamos a la barra-desayunador situada en una especie de lounge o cuarto de tele. La cafetera eléctrica destilaba las últimas gotas de café. Era una habitación amplia de paredes altas y lisas de la misma cantera que el exterior de la casa y a pesar de que los muebles eran de cristal y metal la madera clara del piso y la barra la hacían acogedora. Todo ahí daba una sensación de claridad y limpieza y aunque todo era las líneas rectas la variedad de muebles le daba vida al salón.

Entre todos los objetos había uno que sobresalía, una máquina de juego con una leyenda: Fabulous Ibrahim. Las Vegas. Sin mencionar a algunas mujeres este resultaba el personaje más interesante de mis clientes. Lo primero que resultaba peculiar era su nombre: Ibrahim El Rahman. Su padre, musulmán Egipcio, había mudado su residencia a Veracruz en los años 40 para casarse con una católica mexicana. Ibrahim no conservaba, sin embargo, ningún apego por el islam y hablaba de su padre como un hombre iracundo a quien veía no muy frecuentmente. Cuando le pregunté por El Cairo me dijo que no le llamaba la atención una “ciudad gris”. Ante mi desconcierto explicó que la mayoría de las ciudades egipcias eran como los barrios pobres de la ciudad de México en donde la gente no tiene suficiente dinero para pintar los ladrillos de concreto de sus improvisadas e inconclusas viviendas. No, como después me daría cuenta, sus plegarias diarias no se dirigían a una ciudad del desierto saudí, sino a una en el desierto de Nevada. Las Vegas era el lugar de sus peregrinaciones, que se limitaban a dos al año por un acuerdo con su esposa. Y aunque como dije antes Ibrahim no permitía que nadie tocara el timbre de su casa para no alterar el sueño de su esposa nada le impedía fumar y a lo largo de esa primera cita de dos horas sin duda nos habremos fumado unos diez cigarrillos cada uno entre taza y taza de café de las que generosamente nos convidaba él mismo.

A pesar de su tono de voz y sus gestos firmes no imponía su autoridad como seguramente lo hacía en su oficina. No, estando en su casa era un gran anfitrión y cuando contaba algo miraba directamente y abriendo tanto los ojos que estos quedaban casi redondos dentro de sus anteojos mientras sonreía. Si bien era de una familia de dinero él era quien había prosperado más en su negocio de intermediario entre las empresas y las aseguradoras. Su trabajo era estimar cifras de dinero convenientes y su pasión, cifras de dinero plausibles, las apuestas. Ahí era donde entraba yo.

lunes, 11 de agosto de 2008

La razón populista

La razón populista
Ernesto Laclau

El peculiar título que ha escogido Ernesto Laclau provoca muy distintas reacciones en la cultura latinoamericana. Término que ha sido manoseado en exceso en los últimos años, podría remitirnos a elementos como asistencialismo, personalismo, caudillismo, etcétera.

El autor argentino, discípulo de Eric Hobsbawm, propone estudiar la categoría de populismo de manera distinta a la perspectiva más extendida del fenómeno. La diferencia radica en que en el análisis no se pone énfasis en la clásica tipificación de la manipulación del pueblo (simple dato de la estructura social) por un líder carismático, sino en la decisión teórica de admitir al pueblo como categoría política con demandas específicas que permiten la construcción de una identidad colectiva.


Para Laclau populismo no es un concepto esencialista, sino el modo específico en que las demandas populares se articulan, estableciendo una lógica de la política entendida como dinámica de institución de lo social. Teniendo en cuenta elementos del postestructuralismo y del psicoanálisis (primordialmente la obra de Jacques Lacan), Laclau piensa al populismo como una práctica política específica por lo que el análisis debe centrarse en el conjunto de estrategias discursivas y de condiciones que han propiciado el surgimiento de los discursos populistas.


El sociólogo argentino manifiesta que es necesario pasar de un tipo de análisis en el que la unidad del grupo se da por descontada, a otro en el que es concebida como articulación variable de demandas. Como ejemplo manifiesta que los reclamos en torno a la vivienda, al empleo, a la salud, al suministro de agua, a la escolaridad, no tienden espontáneamente a confluir en un todo congruente y unificado sino que dependen de articulaciones cambiantes y contingentes, o sea, esencialmente políticas.


La heterogeneidad de demandas particulares es incuestionable, por lo que para no caer en un mero particularismo, las demandas específicas se tienen que articular en lo que el autor ha denominado cadenas equivalenciales, en las que cada uno de los eslabones mantiene su individualidad, pero en las que todos ellos adquieren, a través de símbolos comunes, una cierta universalidad. En realidad, toda demanda parcial se constituye en el interior de una tensión: en tanto reclamo parcial adquiere una mayor solidez a través de su inscripción en una cadena equivalencial más amplia; pero esta cadena puede, a su vez, deformar y ahogar a la demanda. Mantener el balance entre estas dos posibilidades extremas es lo que constituye el arte de la política. Sin cadena equivalencial no hay construcción de una voluntad colectiva, pero si esta cadena se torna autoritaria con respecto a los eslabones que la componen tampoco logrará, en el largo plazo, constituir una hegemonía política.


Con un enfoque microanalítico, Laclau estudia tres momentos históricos en la construcción de lo que se ha tratado de definir como “pueblo”. La formación del Partido del Pueblo (1896) en Estados Unidos, la ideología del Partido Republicano del Pueblo en el nacimiento de la Turquía moderna y el populismo peronista entre los años de 1960 y 1970, son los ejemplos concretos que utiliza el autor para ilustrar sus tesis.


En la parte final del libro, Laclau se da tiempo para discutir las diferencias que existen entre sus propuestas y las de otros autores sobre el populismo; todo dentro de los marcos teóricos del post-marxismo, el post-estructuralismo y el psicoanálisis. Retoma la discusión inconclusa que tuvo con el esloveno Slavoj Žižek en Contingencia, hegemonía y universalidad, criticándole el exagerado énfasis que pone en el antagonismo social, al considerar que una sobredeterminación de la categoría de clase es la que propicia los antagonismos étnicos o de género, por ejemplo. Respecto a las tesis de Michael Hardt y Antonio Negri propuestas en su ya clásica obra Imperio, les critica que ante la heterogeneidad social que ha promovido el capitalismo global, ellos opongan una desarticulada constitución del sujeto emancipatorio al que denominan “la multitud”.


La obra de Ernesto Laclau, académico de la Universidad de Essex, se aleja de la explicación funcionalista de los politólogos tradicionales, teniendo en cuenta siempre los elementos pasionales e irracionales en la construcción de las identidades colectivas. Un elemento criticable en la obra de Laclau es su escritura, barroca en demasía, con el que aleja a los posibles lectores fuera del ámbito académico.


*Puede verse una reseña del mismo libro, otro cara de Jano publicada por JS-HM en junio de 2006 en la revista Letras Libres. El pretendido liberal concluye su crítica diciendo “El postmarxismo resulta a fin de cuentas neoschmittismo. Antiliberalismo con traje folclórico”. Como colofón añado la anécdota, cuando Laclau –sociólogo reconocido mundialmente- presentó el libro en el CIDE, -presentación organizada por el FCE- la División de Estudios Políticos, hija en su mayoría de los rational choices puso cara de “¡No entiendo ni madres!” y trataron de escabullirse poco a poco. Al final el director de la división solamente pudo pedir disculpas “por que sus estómagos no estaban acostumbrados a tal tipos de alimentos”.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Detonaciones simétricas (A)

Un caleidoscopio de sávila. Un Rorschach fotosintético. Una explosión de espejos.

lunes, 4 de agosto de 2008

Las Giocondas



I.

En un museo una Mona Lisa absolutamente falsa es aplaudida por la gente como si fuera verdadera.

II.

En otro, una Mona Lisa auténtica es siempre sospechosa de ser falsa. Cada año, el director del Museo descuelga el lienzo frente al murmullo desconfiado del público y la lleva a un laboratorio para que un experto revise el cuadro y muestre el origen apócrifo de la pintura. Se la inspecciona con rayos x, se analizan los pigmentos y la composición de la tela, se revisa con nuevas técnicas la firma.

La prensa especula todos los días en grandes y voraces encabezados: "La Mona Lisa no sonríe. Tras la modelo, un hombre barbado escupe al espectador", "Los expertos a punto de revelar el engaño" y alguno más: "El fraude del siglo: ¿dónde están los responsables?". Las comisarías de la ciudad se llenan de falsificadores y ladrones de arte a los que se apresa y golpea para que confiesen la verdad sobre el cuadro.

Después de meses de rumores y millones gastados en investigación, el director del Museo y el experto salen a dar una conferencia de prensa. Su humor es sombrío y sus voces suenan apagadas: la Mona Lisa de nuestra sala es auténtica. No hay duda alguna.

El pasmo y la decepción no pueden ser mayores. Cuando la pintura vuelve a la sala del Museo los espectadores se juntan en silencio y la miran con insistencia. Se sienten engañados y ya sólo confían en su mirada para descubrir la farsa. Los rumores empiezan a crecer por toda la ciudad: alguien fue sobornado para no hablar, la verdadera Gioconda está oculta en una mina, en un rascacielos, en el fondo del mar. El experto que habló en la conferencia no es el mismo que realizó las pruebas.

La dudas inundan la ciudad; la prensa está histérica, el gobierno se tambalea. El director es obligado a renunciar y tras ser interrogado por la policía sale del país. El experto no vuelve a encontrar trabajo nunca más y dembula empobrecido por los cafés, contando a quien quiera oírlo, su versión de la conjura. Un nuevo director es nombrado en el Museo y vuelve a descolgar a la Mona Lisa de su pared.

La ciudad regresa a su rutina de sospecha y desconfianza. Por las noches los habitantes duermen con una mueca en el rostro, igual a la que imaginan detrás de su Gioconda falsa.

(Imágenes: PB)

domingo, 3 de agosto de 2008

Anthropologist's Diary XX


Un cohete sale disparado hacia el cielo lleno de nubes. Retumba en el valle, gallos y burros se agitan y comienzan su desafinada sinfonía. Un clarinete ensaya una larga escala en alguna casa. La caminata y el ritual (¿acaso son diferentes?) han comenzado. Cargo una olla llena de tamales y algunas bolsas de plástico. Me quisieron dar uno de los guajolotes pero no pude cargarlo y las sonrisas cómplices aparecieron. El animal me rasguñó con una de sus patas.

Pasamos la iglesia, la ermita de San Antonio, subimos un poco más y llegamos al Zempoal Chiquito. La montaña envuelta en neblina se hace cada vez más grande, la gente ríe y conversa hasta que unas horas después, aparece el camino de piedra y las nubes húmedas empiezan a envolvernos aunque el sol ya ha salido. Un hombre viejo, camiseta, mezclilla gastada y huaraches de charol llenos de lodo se adelanta. Pide a M. que la acompañe.

-Ése es el xemabie- dice E.

El viejo y la chica atraviesan un bosquecillo de grandes árboles cubiertos de musgo y otras plantas que no sé reconocer. Nos juntamos a su alrededor, ellos suben un pequeño altar que no es más que algunas piedras apiladas. El xemabie reza y sólo alcanzo a entender algunas palabras: koop'k, Cong'hoy, tu'uuk: montaña, rey, pollo.

El xemabie abre los brazos y parece que va a lanzarse hacia el mar de nubes que hay debajo de él. Sigue la letanía, que sólo se detiene hasta que alguien le pasa una jícara con tepache enrojecido con achiote. A todos nos toca una y vertimos un poco en la tierra antes de tomar, también hay cigarros, tres para cada quien. Le llega el turno a los guajolotes. Se agitan miserablemente, pero en los brazos del xemabie se muestran tranquilos. Los acaricia y les pide perdón por sacrificarlos. Luego les corta el cuello y los pone de cabeza. Tres gotas de sangre densa y púrpura corren del cogote del animal y caen sobre las piedras, tres por cada uno.

La ceremonia es para M. que empieza a trabajar la próxima semana, pero otros también quieren pedir cosas, también yo subo al altar apurado por mis amigos -Pide algo antes de que llueva- dicen. Encima de las piedras no hay nada más que el cielo y las montañas que parecen no tener fin. También tengo una oración secreta, pedidos al dios, cuentas que saldar. Abro los brazos y cierro los ojos y encima de mí retumba el truenos. Muy bien -dicen el viejo Xemabie- parece que Condoy ha escuchado, pero eso no necesariamente significa algo.

viernes, 1 de agosto de 2008

H.2.0

Un poco de agua para Artificios. Ya la había posteado en mi blog,... pero de mamón, quiero verla también sobre fondo negro (risas).

viernes, 25 de julio de 2008

Artificios v.3.0

Arte y Oficios de México se complace en anunciar sus actualizaciones:

a)Rediseño en el título...
b)Desaparecen las estorbosas líneas grises. Sobre todo jodían porque enmarcaban todas las imágenes.
c)FC se raya con una bonita ilustración para su "Fuego".
d)EZ recibe una aportación producto de la casualidad: un dibujo viejo que se amolda perfectamente a su texto no-existencialista.
e)Cambio sutil en la fuente. El fondo se queda negro porque somos punks.
f)Chemo, tómese un Syncol y salga de las sombras.
g)Salú y abrazos desde la tierra de Jelipe.
h)No hay h.

Yours truly
PB/Director de Arte y Comediante de Clóset

Necesitamos alguien que se ocupe del cuidado de los textos... ¿Nini?

miércoles, 23 de julio de 2008

Not to be


I don't want to be

I don't want

I don't

I

*

sábado, 19 de julio de 2008

(Next) To the Sea

Sea and sky
trying to be one:
the storm at night

A beam of light
cuts darkness in half
a lighthouse in the distance
shine of revolving stars

A ghost ship comes
with the mist of dawn
its captain drowned
long time ago
dragged to the bottom
by sorrow and love

A fiddling crab
plays a song
covered in sadness,
oblivion and salt

And certain nights
the bay is paradise
A garden of Eden
all frogs and butterflies

Forest and ocean
attempt to kiss
but lips are refrained
by a strip of sand
of endless grains
infinite as time


Desde mi nuevo escondite,
un abrazo a todos

martes, 15 de julio de 2008

Un blog menos

Meteoro, comparto -y comprendo- la sensible aniquilación de tu cuerpo celeste. Esperamos seguir viendo el baile de tus neuronas por este desolado espacio.

martes, 1 de julio de 2008

Rewind & Play



domingo, 22 de junio de 2008

FUEGO (cap. 1)

Respetados: Aquí les dejo el primer capítulo de lo que terminará siendo un intento de novela corta. Tenía mucho texto y debí improvisar. Igual no es nada muy interesante pero tómenlo como un ejercicio especial para este espacio y júzguenlo bajo esos preceptos.Ya tengo otros textos listos pero me espero unos días para subirlos y así no acaparar la atención.
Abrazos para todos y ojalá no resulte aburrido leerme.
FC
. . . .

Fuego (una novela de FC)


1.Una Introducción

-Los bosques del sur de Chile son mágicos- proclamaba una rubia inglesa de profundos ojos azules mientras yo, mudo detrás de un escritorio de la vieja cabaña de madera con el periódico cubriendo mi rostro, recordaba haberlo escuchado antes. Es increíble el poder de la burocracia. Aquí, rodeado de 150.000 hectáreas de bosque virgen y sin nadie a miles de kilómetros, yo reparto folletos y consejos detrás de un escritorio al fin del sur del mundo tratando de no pararme demasiado para no entumecerme.

El olor a humedad me daba asco y se colaba por todo el lugar entremezclándose con el olor a leña quemada en la chimenea. Una escena maravillosa para un amanecer. Una postal que vendería millones de copias pero cuando se convierte en tu forma cotidiana de vivir, terminas por odiarla. Yo hubiera preferido una playa en el pacífico mexicano o en las costas de Alagoas en el Brasil pero el funcionario de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas insistía en decir: “los bosques del sur de Chile son mágicos”.

Por esos días yo no tenía claro el rumbo de mis actos ni mis actividades, por lo que cualquier cosa parecía una buena opción de trabajo. Terminé, como es de suponer, con un boleto en las manos, la promesa de unos ingresos y el compromiso de defender los refugios ficticios de la naturaleza.
-No lo crees- repitió la rubia sacándome del recuerdo.
-Debe ser hermoso estar aquí todos los días- comentó a modo de certeza y tratando de generar complicidad.
-En verdad no- interrumpí con voz cortada.
Luego, evitando ser muy grosero y recibir una queja en el departamento pertinente, explique. Mire, cuando llegué aquí todo me parecía igual de maravilloso que a usted. Después de tres años mis conceptos han cambiado y no creo que desee seguir escuchando mis desencantos. Puede recorrer el parque y no se alejen mucho. Si se pierden no quisiera salir a buscarlos con este frío.

La rubia se retiró sorprendida y yo supe que algo se había quebrado en ella. Ya no podría volver a mirar un roble milenario sin pensar que alguien lo odiaba. Volví a abrir el periódico y no volví a pensar en eso nunca más.
De pronto algo me sacó de la pasividad. Escrito con letras grandes y a un costado de la página central, una nota pagada llamaba profundamente mi atención. Imaginé que era pagada porque hace años trabaje en el equipo de redacción de un periódico pequeño y se que estos insertos se hacen siempre de última hora y se cobran bien. La nota decía:

Persona desaparecida - Ronan Abban. Ronan Abban es un turista irlandés que se encuentra viajando a través de los países de Argentina y Chile. Ronan no ha mantenido contacto con su familia y amigos desde mitad de Noviembre del 2007. Esto no es normal ya que él siempre mantiene informada a la familia del lugar donde se encuentre en cada momento.

Ni una palabra más. La nota no incluía un número al cual comunicarse, ninguna dirección de contacto o persona responsable de la publicación. Parecía una noticia más que una preocupación, un texto anónimo hablando de la desaparición de alguien en alguna parte indefinida. Ronan Abban, nunca podría olvidar ese nombre.

Conocí a Ronan en un avión rumbo a Santiago de Chile en el año 2005. Si mi memoria no falla, debe haber sido invierno en el sur por lo que el mes se encuentra entre julio y Agosto. El día es algo que quedó registrado en un pasaporte que murió más tarde y no hay forma de comprobarlo. Al menos no para mí. Mi asiento se encontraba pegado a una ventana situada justo sobre el ala izquierda y el asiento vecino fue ocupado por alguien que llamó inmediatamente mi atención. Un hombre joven y desgarbado de unos 28 o 30 años, barba rojiza y un evidente descuido en su aseo personal. Extremadamente sonriente y amable.
-Hola, Mi nombre es Ronan Abban. Mucho gusto- dijo con un extraño y ridículo acento.
-Hola-contesté seco y solitario.

Ronan usaba un abrigo largo, que cubría casi todo su cuerpo, botas de montaña y una bufanda vieja y colorida. Todo el tiempo su mano izquierda apretaba una guía del sur del mundo roída por el maltrato cotidiano aunque muy reciente en información. De sus hojas amarillas, brotaban un sin número de papelitos color rosa con anotaciones muy ordenadas y un símbolo que me atrapó desde el primer minuto. En cada uno de esos papelitos Ronan o alguien más, había dibujado una pequeña y perfecta llama de fuego.

Después de horas de viaje donde mi silencio permanecía inmutable, Ronan, quien no sabía quedarse callado, preguntó de donde era y a que me dedicaba. Este tipo extraño me hablaba y estuve a un paso de fingir que dormía pero recordé el fuego, los papelitos, la curiosidad y entonces comencé a conversar. No tuve tiempo ni obligación de decir algo importante antes de que este irlandés, entonado con unos cuantos tragos, empezara a contarme su vida.
Ronan había pertenecido durante seis años a una agrupación llamada "Salvemos al mundo".
Por lo que pude entender eran de formación anárquica pero influida por pensamientos postmodernistas y por supuesto de una desesperante teoría ecologista de la vida. Estaban en varios países de todos los continentes y la agrupación (así la llamaba Ronan) tenía bastante fuerza y reconocimiento. Unos locos sin mucha formación pero anti-sistémicos reconocidos dispuestos a pelear contra los balleneros japoneses, a pasearse desnudos en rechazo al uso de pieles y a marchar con la cara pintada por las calles de cualquier ciudad fingiendo que la vida miserable que nos ofrecen puede ser alegría. Todo aquello que definitivamente no iba conmigo.

Sin embargo, Ronan había logrado desesperar a los del equipo con sus preguntas y proyectos. Él sentía que el grupo era muy moderado y que los tiempos estaban para obligar la caída del sistema capitalista y destructivo mediante la administración de una correcta y justa dosis de violencia. Asumirse como los detonadores del cambio sin importar el costo era su exigencia y por supuesto fue expulsado. Los niños y niñas de clase media nunca entienden que no se puede pasar la vida sin escoger un lado de la moneda. El cinismo termina siempre por zafar algo en tu cerebro que te permite encontrar nuevas mentiras, nuevas justificaciones para no hacer nada. No puedes salir a la calle a destruir y después volver a tus comodidades de siempre. El paso es demasiado radical para ellos.

A Ronan la expulsión no lo afectó demasiado pero se quejaba de tener que emprender proyectos individuales sin la infraestructura y apoyo económico de la agrupación. En realidad, Ronan estaba solo desde hace mucho tiempo pero se las ingeniaba para quedarse ahí, basado en un discurso bastante más moderado que sus pensamientos.
-Hay que mentir, ya nadie cree en la violencia- justificó.
-Cada quien escoge su lugar de acción- recuerdo haber escuchado repetidas veces.

Ronan tenía identificadas a cinco grandes compañías madereras y lo que ellas hacían con los bosques se había vuelto un asunto personal. Me contó que tenía listas con los nombres y direcciones de todos los accionistas, teléfonos, calendarios y actividades. Familia, mascotas y cualquier detalle que pudiera servir.
-Tener afectos te hace débil, No tenerlos te vuelve una bala dispuesta a matar y morir. Yo quiero tener una respuesta si me agarran. Ellos son vulnerables yo estoy solo-

Es cierto que las palabras de Ronan sonaban a las de un desquiciado enfermo mental, pero atrapaban mi atención y se iban lentamente ganando un respeto. Yo escuchaba y eso siempre genera confianza. Sabía que la necesitaría cuando quisiera hablar de lo que realmente había atrapado mi curiosidad.

Los minutos pasaron lentos y después del carrito de comidas decidí preguntar directamente por los papelitos de la guía. Ronan abrió sus grandes ojos grises, resaltados por el brillo que producía la luz de lectura sobre el rojo de sus cabellos, y me contó como estas compañías engañaban a la gente disfrazadas de ONGs con créditos agrícolas y de desarrollo de infraestructura hospitalaria, jugando con el hambre y la precariedad de las personas. Los obligaban a creer que el problema era la ausencia de espacio y que el gobierno nada haría por ellos. Los obligaban a cortar miles de árboles para el futuro crecimiento y proyecto. Una vez cortado el bosque las ONGs y sus recursos desaparecían dejando solo unos costales de cemento, arena y algunos ladrillos. Entonces venían las madereras a ofrecer un rescate económico a estas comunidades “avasalladas” comprando los árboles muertos y el manejo de sus ahora desgastados recursos naturales. Un circuito perverso que debía ser destruido. Los papelitos representaban las diferentes localidades donde estaban trabajando las compañías. Las llamas aún no rebelaban su secreto.

Ronan se movía rápido y entusiasmado aunque un tanto inquieto. Yo me había ganado una confianza extraña a base de silencio pero eso no significaba que fuera seguro contarme. Sin embargo algo en su manera de ser le impedía callar y no fue mucho el tiempo transcurrido hasta que su boca se abrió y dijo: -Yo sólo espero que ellos corten el bosque. Esa misma noche me meto con sigilo y al amparo del silencio y la oscuridad rocío gasolina por todo el lugar y dejo caer mi cigarro. Es increíble lo rápido que puedes generar un incendio- dijo con voz calmada.

Cuando se percataban ya era tarde y todo estaba en llamas mientras él ya se encontraba lejos del siniestro. Me dijo que al comienzo le causaba una confusión enorme el quemar bosques aunque estos fueran ya “cadáveres”. Sobre todo porque a veces controlar el incendio no era fácil y terminaban por calcinarse miles de hectáreas extras con todo el daño que ello conlleva. -Mártires. Todos los necesitamos- remató.

El plan incendiario de Ronan había quedado al descubierto y me generaba un encanto inexplicable. Me preocupaba que sentía él por los miserables habitantes abandonados por todos y ahora incluso por la “madre naturaleza”. Sentí ganas de hacer más preguntas pero no las hice y el sueño termino derrotándome mientras mi cabeza cuestionaba en silencio. Todas las dudas serían resultas años más tarde y en circunstancias muy diferentes. Ambos dormimos y no volvimos a hablar durante el viaje.

La alarma de incendios retumba en mis oídos volviéndome loco y una voz desesperada en el radio rompe mi memoria. De un salto estoy dentro de la camioneta y avanzo entre la noche que cede al amanecer. Hace mucho frío y a lo lejos, muy a lo lejos, veo el resplandor de las llamas y su destrucción.


jueves, 12 de junio de 2008

Ilustración y aguas frescas

Abriendo franquicias por toda la república.

martes, 10 de junio de 2008

Cartel Ruso

De mi paso por la London School of Economics no tengo muchos recuerdos. Fue una época triste y miserable, que tenía esa miseria de invierno que sólo Londres puede hacerte sentir: la aturdidora discreción inglesa, la grisura asfixiante que te hunde bajo el abrigo y te hace esquivar el mundo mientras finges leer el London Lite en el metro.

Sin embargo, hay una imagen que no se borra: un cartel más bien mediano, pegado a lo largo de los pasillos de toda la escuela, muestra a un hombre en un traje caro, anteojos oscuros y una pistola que apunta a la cabeza del espectador y debajo una leyenda: "Join the Russian Oligarchs Society".

El cartel apareció junto a otros, a comienzos del año escolar, cuando una maraña de pósters de colores tapizaban la escuela, anunciando las distintas sociedades de alumnos a las que los estudiantes podían afiliarse. Los pósters eran todos parecidos y en su mayoría emanaban el mismo tufillo empresarial que impregna a toda la universidad. Más que un ejercicio de vida estudiantil, los carteles eran un llamado al networking, un ensayo de la vida corporativa en la que se sumergería la mayoría de los estudiantes al terminar los estudios, al menos hasta que les llegara el primer infarto o los alcanzara el apocalipsis en forma de crash bursátil.

Los carteles convocaban a extender las redes del poder y del dinero, a hacer de la universidad un espacio para ensayar un aspecto de la construcción del capitalismo (el otro ámbito donde surge el capital, el de la fábrica, era apenas un eco lejano proveniente de atrás de la muralla china o de algún desértico lugar de América Latina o del África. En las casas del capital tardío, los obreros son sólo sombras que salen en la madrugada a limpiar pisos en algún rascacielos)

Así, la vida estudiantil se transformaba en promoción publicitaria que a medida que pasaban los días, iba perdiendo su novedad y hacía que las paredes adquirieran una monotonía similar a la de los estantes de un supermercado.

He olvidado ya todos los otros carteles pero el de los oligarcas rusos sigue resonando en mi memoria como el eco de un trueno. La marca que lo distinguía era su cinismo casi honesto. Ahí no existían las fantasías del fair trade, ni las resonancias patéticas de los rockeros del primer mundo y sus llamados (a los ricos) a terminar con la pobreza. El cartel ruso no hablaba de microcréditos como salvación para los hambrientos, ni se molestaba en convocar a fortalecer la democracia y el libre mercado (único e inmutable) como medio para la prosperidad común. Lo que hablaba ahí era el capitalismo en su estado más puro: el ejercicio de la fuerza bruta, la desigualdad sin rubor, la convocatoria cruel a no estar enfrente sino detrás del que sostiene la pistola.

Siempre me he preguntado qué habría pasado si en lugar de un oligarca ruso blandiendo una pistola apareciera un hombre barbado con turbante. Quizás alguien habría visto el cartel con algo más que indiferencia, tal vez el Evening Standard habría mencionado el incidente con su habitual y calculada histeria. Pero no era así. Todos pasaron frente al cartel sin mirarlo siquiera, yo apenas me detuve y seguí de largo hacia el metro. Me hundí en mi abrigo negro, me senté en el vagón y fingí leer el London Lite para no ver a nadie.

viernes, 16 de mayo de 2008

Imágenes antropológicas


1412 (ya estábamos aquí)

Abstracto Mixe

Tepache sagrado para los instrumentos

Santa María Tlahuitoltepec Mixe, mayo de 2008

domingo, 11 de mayo de 2008

Ruido

¿Podrías detener el ruido?
Trato de entender mi ausencia.
¿Podrías llevarte tu sombra?
Me mira haciéndome sentir culpa.

Solo soy la puerta que cierras,
Desde antes ya no estaba aquí.
Y gritas bajo el olvido.
Corriendo y brincando tras mis pupilas.
Volviéndome tan psicótico.

Televisores gritando,
Vecinos gritando.
Cuando sea rey serán los primeros ejecutados.
No tendré piedad.

Imaginar el silencio esta tan lejos de ser silencio.
Ahora, vístete rápido y corre antes de que ella abra los ojos.
Huye y da un profundo respiro al cerrar otra puerta.
No puedes dejar de disfrutarlo.

Y gritas bajo el olvido.
Corriendo y brincando tras mis pupilas.
Volviéndome tan psicótico.

Que llueva y venga la calma.
Que llueva y se lleve las voces, los momentos, la rabia.
Respira, sigue respirando.
Ya sabes que es mejor cuando todo se apaga.






martes, 6 de mayo de 2008

Una noche en Oklahoma


Una pick-up se detiene en el camino,
niebla, interferencia
y ruido blanco
Protocolo eléctrico
de otras dimensiones

La vastedad monótona del trigo
se diluye en esas horas
con las ensoñaciones de la noche

Un simple granjero
Las manos callosas,
el overol de mezclilla
Se convierte en un instante
en el ejemplar de lo humano

Abudcción, señales
y una maraña de recuerdos,

Maniquíes, clones y simulacros
la intensidad hipnótica del halógeno,
la frialdad de los metales raros

Y arriba en la nave
un exámen psicométrico,
experimentos de anatomía

La puesta en práctica
de una ciencia horrenda
(Luces y botones
de los años cincuenta)

La madrugada
lo devuelve a la Tierra para
predicar la nueva era:
Una buena historia
a cambio de cerveza.

martes, 29 de abril de 2008

Genocidio armenio

Aunque sea un poco tarde quisiera recordar que el 24 de abril se conmemora el genocidio armenio perpetrado por el gobierno turco durante la Primera Guerra mundial. Cuando Hitler decidió sobre el genocidio judío dicen que sus palbras fueron "¿quién recuerda la masacre de los armenios?" en clara alusión a que todo es susceptible de olvido, incluso las peores acciones. Por otra parte, Raphael Lemkin, el abogado judío-polaco que acuñó el concepto de genocidio, dejó en claro que él pensaba en la relevancia del caso armenio y que éste lo había influenciado. El genocidio armenio no sólo es primero del siglo XX sino que tiene una cronología directa en la historia de los genocidios.

The Great Game of Genocide, de Daniel Bloxham


Desde finales del siglo XIX se empezó a perpetrar la masacre del pueblo armenio en los territorios comprendidos dentro de las fronteras del imperio otomano, no obstante que los asentamientos de armenios en las tierras de Anatolia datan de hace tres mil años y los de Cilicia desde la Edad Media. Las mayores atrocidades ocurrieron en 1915-1916, mientras en Europa se libraba la PrimeraGuerra Mundial, con el asesinato de más de un millón de civiles armenios y varios miles de kurdos. La historiografía sobre el tema se ha concentrado en documentar el genocidio armenio y los intentos del gobierno turco por esconder y distorsionar los hechos.

El libro de Bloxham pretende ir un poco más lejos. El autor nos dice que la irrefutabilidad del genocidio armenio ya no debe ser el punto de llegada (para eso podría estar como referencia obligada el libro de Vahakn Dadrian, The History of the Armenian Genocide: Ethnic Conflict from the Balkans to Anatolia to the Caucasus) sino el punto de partida para nuevos trabajos. Y eso es lo que él hace, explicar el genocidio armenio en relación con los dos grandes paradigmas socio-políticos de principios del siglo XX: nacionalismo e imperialismo.

El libro expone los movimientos y jugadas del gran tablero de ajedrez de las relaciones internacionales desde 1774 referentes a la “cuestión de Oriente” y las políticas europeas por el control de las fronteras entre Europa y Asia, principalmente la lucha de Gran Bretaña y Rusia por el control del Mediterráneo Oriental. Después del Congreso de Berlín, los intereses imperialistas de las grandes potencias en su búsqueda de atraerse aliados promovieron los sentimientos nacionalistas, los mismos que habían sido la base de las unificaciones italiana y alemana de apenas unos años atrás, y que lo eran de las independencias de Bulgaria, Rumania y Serbia acaecidas el mismo año del Congreso. El imperio otomano se enfrentaba a un inminente colapso, y las presiones de las potencias internacionales, que ya se repartían su territorio, fueron claves para buscar la consolidación de un Estado nacional turco.

El nacionalismo turco implicó, como la mayoría de los movimientos nacionalistas, autoritarismo, etnocentrismo y estatismo. Si bien es cierto que tiempo atrás había habido importantes aniquilamientos de búlgaros, armenios y kurdos, afirma el autor que es la quintaesencia occidental del nacionalismo lo que deriva en las masacres de 1915 llevadas a cabo por el Comité de Unión y Progreso (CUP). Ya desde 1914 Enver Pasha, Ministro de Defensa, discutía la “limpieza de Anatolia de sus ‘tumores’ no-musulmanes” (p. 63). El propio embajador austro-húngaro Johann von Pallavicini describe la situación como “la creación de un Estado nacional mediante la aniquilación de los elementos extranjeros” (p. 94). El CUP consideraba que la homogeneidad étnica, la integridad del territorio y la independencia económica y política de los turcos era amenazada por la presencia armenia en los territorios de Cilicia y en la parte oriental de Anatolia. El pueblo armenio se convierte así en un extraño en sus propias tierras, y su genocidio en parte de los orígenes del proyecto nacional del Estado turco.Todavía como Ministro del Interior, Talât Pasha aseveraba que las deportaciones de los armenios “fueron determinadas por una necesidad nacional e histórica” (p. 95).

Además del nacionalismo turco, la otra cara de la cuestión armenia era la de los intereses imperialistas de las potencias europeas; de hecho, el título del libro se deriva del nombre popular con que se conocía al enfrentamiento anglo-ruso por la hegemonía en Asia central y el Oriente cercano. En primer lugar, Rusia alentaba a todo pulmón la independencia y creación de un Estado armenio, pero en secreto mantenía acuerdos con los turcos, mientras que Inglaterra alentaba
una revuelta árabe de principios nacionalistas que contrastaba con los deseos panislamistas del CUP.

Después de 1917, Rusia desapareció como el principal promotor de los armenios, pero rápidamente fue remplazado por la propia Inglaterra, que así buscaba prevenir un avance turco-alemán sobre el Cáucaso, pero con el desvanecimiento del imperio y la llegada al poder de los kemalis. Estas las promesas de apoyo a la independencia de Armenia se esfumaron de manera abrupta; Inglaterra decidió concentrar sus esfuerzos en el mundo árabe mientras buscaba pasarle la estafeta de la protección de los armenios a Estados Unidos. Mención especial merece el papel que en el libro de Bloxham juega Alemania, ya que difiere con la historiografía más ortodoxa, como la de V. Dadrian, que corresponsabiliza a los alemanes de las masacres de 1915 como parte de la estrategia de la alianza turcoalemana de la Primera Guerra Mundial.

Sin dispensar el comportamiento alemán, Bloxham considera que la clave de su postura debe remitirse no a la alianza otomana sino a un contexto interactivo con las potencias de la Entente. De hecho, Bloxham considera que la posición de Alemania sobre la cuestión armenia es más reactiva a la propaganda que la que, de manera activa y a conveniencia, se encuentra en los discursos de Inglaterra, Rusia y hasta Francia.

La otra gran parte constitutiva de The Great Game of Genocide es la negación u omisión del genocidio armenio, ya no por parte del gobierno turco (como se podría esperar) sino por la de los distintos Estados internacionales, principalmente Estados Unidos, vereda por la cual ya había comenzado a caminar Peter Balakian en su The Burning Tigris.

Para empezar, Turquía, Estados Unidos e Israel evitan usar el concepto de genocidio para describir las matanzas de armenios, ya que éste tiene profundas implicaciones legales que quedaron definidas en 1948, cuandose consideró el genocidio judío perpetrado por los nazis en las leyes de derecho internacional. La palabra genocidio es sustituida por guerra civil o, en el mejor de los casos, por masacres(omitiendo cualquier referencia al Estado turco) en la utilización mañosa de un lenguaje para ocultar la verdad (igual que en el conflicto palestino-israelí las grandes agencias noticiosas manipulan el lenguaje y trastocan los acontecimientos, como lo ha señalado el periodista británico Robert Fisk). Sin embargo, Raphael Lemkin, el abogado judío- polaco que acuñó el concepto de genocidio, dejó en claro que él pensaba en la relevancia del caso armenio y que éste lo había influenciado. No obstante lo anterior, Estados Unidos e Israel siguen sin otorgarle el calificativo de genocidio a las matanzas de armenios de 1915.

Después de la Segunda Guerra Mundial, durante los años de la Guerra Fría, la importancia geopolítica de Turquía se centró en servir de muro de contención a los intereses expansionistas soviéticos. La importancia de Turquía en las políticas de Medio Oriente se acrecentó en 1979 debido a la invasión soviética a Afganistán y a la revolución islámica de Irán, dejando al miembro de la OTAN en un rol estratégico ante la avanzada de la Unión Soviética. Una de las respuestas del gobierno de Reagan fue que en 1982 el Departamento de Estado estadounidense declaró que, dado que los registros históricos eran ambiguos, no podía ceder a las acusaciones que afirmaban que el gobierno turco había cometido genocidio contra el pueblo armenio (p. 221).

Sin duda, Turquía era un aliado estratégico en contra de los rusos y el precio por su lealtad quedaba al alcance de la mano. Después de la caída del comunismo, Ankara fue un aliado de primer orden en la primera guerra contra Irak. Y también ha estado allí como aliado estratégico de Israel cuando en 1948, después de la creación de este Estado, no molestó a los judíos que vivían en su territorio como aconteció con otros países musulmanes, y cuando al año siguiente reconoció oficialmente al Estado hebreo. Turquía representa para Tel Aviv la única mano amiga en toda la zona.

En un análisis final, Bloxham narra cómo la indolencia de los Estados y sus diplomáticos sobre el genocidio armenio tiene como contraparte a varios historiadores. El caso paradigmático lo constituye sin duda el orientalista inglés Bernard Lewis (ferozmente criticado por Edward Said en el ya lejano año de 1976), emérito de Princeton y asesor de la administración de George W. Bush, quien en 1993, en una entrevista al diario francés Le Monde, calificó el genocidio armenio como “versión armenia de la historia”. Es cierto que nadie olvida el genocidio de seis millones de judíos, la mayor masacre en la historia de un grupo étnico. También lo es que fueron asesinatos cometidos por europeos contra europeos en Europa. No se olvida,y su negación se castiga penalmente. Mientras, el Estado turco pretende enjuiciar a uno de sus literatos más importantes, Orhan Pamuk, candidato al Nobel, por haber declarado a un periódico suizo que un millón de armenios habían sido asesinados en Turquía durante la Primera Guerra Mundial.

A pesar de que este juicio por “haber denigrado públicamente la identidad turca” (El País, 16 de diciembre de 2005) fue cancelado gracias a la presión internacional, según el artículo 301 son procesados el periodista Hrant Dink y Sehmus Ulek, vicepresidente de Mazlum Der, ONG turca para la defensade los derechos humanos, ambos en relación con discursos pronunciados durante una conferencia el 14 de diciembre de 2002 sobre el tema “Seguridad global, terror y derechos humanos, pluralidad cultural, minorías y derechos humanos”. El reconocimiento del genocidio armenio por parte de Turquía (además del de Estados Unidos por razones políticas y el de Israel por motivos morales) es indispensable para la reconciliación de dos naciones con su historia.

Daniel Bloxham nos hace ver que a la historia le corresponden, como lo ha mencionado el historiador francés Paul Ricoeur, tanto los terrenos de la memoria como los del olvido, y que la memoria del genocidio armenio conlleva tanto un compromiso ético como un desafío intelectual.


Dejé la reseña que escribí acerca del tema tal cual apareció en la revista Istor No.24 (2006), con la siguiente aclaración: Cuando la escribi Orhan Pamuk sonaba como candidato al Nobel. Un año después de escribir la reseña Pamuk ganó el premio.
No dejen de leer "Me llamo Rojo", "Nieve" y "Estambul", (aunque haya
ganado el Nobel es buen escritor). De ahí se me quedó grabada la frase del Corán "Tanto oriente como occidente pertenecen a Dios
".

domingo, 27 de abril de 2008

Extractos de Diario Privado

Extractos de Diario Privado/DÍA I

Rojo oscuro. Y éstas fueron las sencillas circunstancias del descubrimiento: Como siempre, eran pasadas las 9 y yo llegaba tardísimo al trabajo. Con un café ardiente en un vaso de papel, la mitad meciéndose locamente/la otra mitad escurriendo por mi mano, giré a tiempo y me adentré en la fresca burbuja del elevador.
Y ahí estaba Irene con su cabello rojo oscuro.
. . .
Ahora he vuelto a casa y sigo hipnotizado por esa llovizna ligera sobre el estudio. Me pregunto si la sangre de Irene también tendrá ese color enloquecido, tan lleno de sabor, dulce semiamargo. Preparo un manojo de pinceles.
. . .
El lienzo se ha llenado como un molde de chocolate caliente.


Extractos de Diario Privado/DÍA II

Ha pasado mucho tiempo desde que empecé este cuadro. El mar inmóvil me invitaba a continuar equivocándome. Debo encontrar una ola antes de que me hunda completamente. Banco de espuma hedionda, rojo oscuro deslavado por el olvido.
. . .
Al final de la tarde se acercó una ola pequeña. Después de estudiarme largamente, la ola me arrastró
-colgando yo de su blanquísima corona- por una sala de cine. Para nuestra sorpresa, proyectaban "Ganchos" obra cúspide de 1932 del checo Wzojl Zwkertika. Pude continuar mi cuadro.

Extractos de Diario Privado/DÍA III

Hay quienes disfrutan una comida italiana, un desfile ecuestre, un recital bohemio. Yo prefiero observar los reflejos plateados en los charchos e imaginar su música. La luz transformada en sonido.
. . .
Hoy el elevador estaba vacío. Detuve su marcha... Dejando mi portafolio y mi café en el suelo escribí velozmente la frase: LA REALIDAD NOS ARRUINA LA VIDA A TODOS. La frase no sólo recorría la pared; para mi deleite, sus palabras también subían y bajaban con el elevador. No puedo esperar a mañana para volver a abordarlo y tal vez, agregar una postdata.
. . .
Amarillo Pistilo, Azafranio, Crema de Dédalo, Blanco Saturno, Carmín 29. Nuevos pigmentos silenciosos para mi aburrido cuadro.

Extractos de Diario Privado/DÍA IV

Me topé nuevamente con Irene. Su cabello rojo oscuro era una melaza que no permitía despegar los ojos. Una campanita anunció el piso deseado y borró de golpe la fantasía, el letrero en la pared, la anestesia local. Una masa de aire acondicionado devoró el dulce olor del aguarrás de mis ropas y el timbre de treinta teléfonos me sentó en mi cubículo.
. . .
Escribo en el dorso de mi mano LA VIDA NO ES UNA INTERRUPCIÓN. Las palabras no surten efecto. La vida continúa, interrumpiendo.
. . .
Dan las 3 de la mañana. Comienza el vértigo del tercer piso; cada piso, una hora más. Cada hora un piso más. Y cada jornada -a medianoche- desde el piso 24 me desplomo hasta mi sótano vacío para volver a empezar. ¿Vacío? Corrijo: casi vacío. Al fondo, bajo una débil luz durazno, está este cuadro.


N. del A.: Estas cápsulas ficcio-biográficas acompañaron la creación paulatina de un cuadro (digital) y fueron publicadas durante febrero/2008 en mi blog diario. Estoy seguro de que en aquel lugar pasaron desapercibidas entre las toneladas de posts.... y acá su función será más noble: descongelar la revista. No busquen demasiada lógica en la trama. Es bruta y así debe ser. Interprétese al gusto.

lunes, 14 de abril de 2008

Intermedio (II)

Próximamente: "Crónica de una mudanza (ese saludable deporte extremo)".

martes, 1 de abril de 2008

Vidas desperdiciadas.

Aquí va una reseña. Si es demasiado larga para el blog haré entregas más cortas.

Zygmunt, Bauman, Vidas desperdiciadas, trad. de Pablo Hermida. Barcelona, Paidós, 2005.

A partir de 1990 hemos visto una tras otra las entregas de Zygmunt Bauman en un esfuerzo por explicar y hacer inteligible para un amplio público los desafíos y los lastres de una sociedad posmoderna y globalizada. Polaco, de ascendencia judía, tuvo que abandonar su tierra natal y buscar refugio en la Unión Soviética; regresó para enseñar en la universidad de Varsovia, lugar que nuevamente dejó para trasladarse a Israel. Después de pocos años volvió a emprender el viaje, ahora hacia Inglaterra, lugar donde se estableció hasta su retiro de las aulas.

Es justo en el retiro, cuando Bauman empieza a escribir de manera prolífica los pensamientos que lo han acompañado por años. Modernidad y holocausto (Sequitur,1998), Ética posmoderna (Siglo XXI, 2005) o Modernidad líquida (FCE, 2003) son algunos de los textos que lo han colocado junto a Ulrich Beck (La sociedad del riesgo, Paidós, 1998) o Richard Sennet (La corrosión del carácter, Anagrama, 2000) como uno de los grandes teóricos que abordan las problemáticas de la cultura posmoderna desde las perspectivas del trabajo, la familia y las relaciones personales en el marco de una sociedad de consumo.

Es lo efímero, lo perecedero, lo pasajero lo que condiciona a nuestras sociedades de consumo. Todo está listo a ser desechado. En diciembre nos anuncian las modas que habrán de venir para el verano. Una exhibición de autos nos muestra lo que ha de salir al mercado en tres o cuatro años. En una revista cualquiera que hojeemos, sobre cualquier tema, nos dice lo que está in y por su puesto lo pasado de moda, lo out, algo que solamente un insensato sería capaz de apreciar. Baudelaire no se equivocaba cuando expresó que la modernidad era lo transitorio y lo fugitivo.

El precio de está renovación cada vez más acelerada es el desecho de lo que ya no apreciamos, son los residuos que eliminamos. Italo Calvino en Las ciudades invisibles (Siruela, 1994) refiere que “más que por las cosas que cada día se fabrican, venden, compran, la opulencia de Leonia se mide por las cosas que cada día se tiran para ceder lugar a las nuevas”. Nosotros somos habitantes de esa misma ciudad. Las demandas de la actualidad son convertir cualquier cosa en prescindible, hasta los propios individuos.

Hoy en día, los países subdesarrollados tienen las tasas de natalidad más altas. Antes fueron la India o China, hoy lo son Angola o Afganistán. El excedente de población de los pobres es una irresponsabilidad se nos dice. Sin embargo, el promedio de habitantes por kilómetro cuadrado en África es de 21, en los Países Bajos de 425 y en Hong Kong de 5514. Si toda la población de China e India viviera en el territorio de los Estados Unidos su densidad de población no sería mayor a la de Inglaterra o Bélgica. Parecer ser, que el excedente de población es solamente un excedente de gente pobre. Son los residuos humanos.

En la actualidad alrededor del 70% de la riqueza mundial está concentrada por los Estados Unidos y la Unión Europea, mientras que su población apenas representa alrededor de un poco más del 10% del total mundial. El resultado de esto es la natural búsqueda de empleo donde lo haya, pero la libertad de movimiento que hay para las mercancías o el dinero no es existe para los seres humanos. A pesar de eso, ya sea saltando bardas o cruzando ríos, en balsas o a través de intrincadas formas de llegada, la migración es una de las principales realidades de este siglo. Con los retos que representan los flujos migratorios la división entre “centro” y “periferia” o “desarrollados” y “subdesarrollados”, es una división que debe quedar atrás. La miseria y la desigualdad son un problema global y no local como se nos quiere hacer creer muchas veces.

El problema de la migración y la pobreza que la produce es un problema que no va a desaparecer con cerrar los ojos. Es una realidad que ha llegado al corazón de los países ricos. Millones de latinos marchan en Estados Unidos para exigir su reconocimiento como elementos productivos de la sociedad. En los barrios pobres de París, franceses hijos de inmigrantes protestan porque el país no ha sabido integrarlos de manera exitosa, y no nos confundamos, ellos no van ir a ningún lado porque aunque sean hijos de árabes ellos ya son franceses. A la inmigración se suma el “pequeño” detalle de los refugiados y de los desplazados. Zonas de conflicto como Irak, Ruanda, Etiopía o Sudán producen más de 30 millones de desplazados. Tan sólo hay cuatro millones de palestinos que viven de manera permanente en campamentos de refugiados porque han sido lanzados de las tierras que habían habitado por generaciones.

Hace casi dos años el gobierno holandés decidió retirarle la nacionalidad a Ayaan Hirsi Ali, una de sus diputadas de origen somalí. A esta mujer, activista a favor de las mujeres musulmanas y en contra de las mutilaciones genitales, se le acusa de haber mentido en su carta de naturalización por decir que procedía de Somalia, siendo que había vivido en el intermedio en otros países. La realidad es que como activista de mujeres musulmanas y de inmigrantes es perseguida y amenazada por radicales islámicos y al gobierno holandés le ha parecido demasiado incómodo tener que protegerla. Al quitarle la nacionalidad, le quitan la protección y la obligan a buscar asilo en otra parte. Lo que no entiende el gobierno holandés, al igual que la mayor parte de los países europeos o de Estados Unidos, es que –como dice Bauman- una vez que se es refugiado se es refugiado para siempre. Un inmigrante seguramente lo será por el resto de su vida. No lo hacen por gusto, es una necesidad derivada de la forma en que se ha organizado la economía mundial. En palabras de Zygmunt Bauman “en un planeta globalizado no hay afuera, no hay tierra de nadie a la cual los otros puedan ser deportados”.

Vidas desperdiciadas es un libro sobre esos parias, esas grandes carencias en la modernidad: problemas de la periferia como emigrantes y refugiados, a la par de los problemas del centro como la cultura de lo efímero, la carencia de compromiso en el trabajo o en las relaciones personales y la dificultad en la integración de “los otros”.

domingo, 23 de marzo de 2008

viernes, 21 de marzo de 2008

Intermedio (I)

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miércoles, 19 de marzo de 2008

Sobre gritos y revoluciones


Bueno, casi nunca está en mi ánimo pero tendré que polemizar con el Henry. No creo que la ignorancia nos haga disfrutar más una obra de arte, aunque tal vez sea diferente. Definitivamente la ignorancia ayuda mucho -sobre todo a ser feliz- pero creo que esa visión de "El grito" de Edward Munch relacionado con los cuentos de Robert Graves fue un poco naîve. Cuarenta años son muchos en el proceso creativo del arte. Por cierto, Robert Graves quien se consideraba sí mismo poeta es muy conocido por los historiadores debido asus novelas históricas sobre el emperador Claudio y por su trabajos sobre los mitos griegos (todo publicado en Alianza Editorial. Tampoco estoy de acuerdo en eso del "acierto en el diseño editorial": poner a una mujer de mediana edad con una mascada blanca como contaparte femenina al estereotipo de Humphrey Bogart me parece un desacierto y una salida fácil, (aquí entraría una voz más autorizada como la de nuestro amigo que le ha dado por abrirse camino en diseño editorial) pero... Del "Grito" sólo hay que decir que al tipo se le murieron la madre y las hermanas de tubercolisis, tuvo desórdenes mentales por los que tuvo que ser internado terapia de electroshocks incluida. Dice Munch sobre este trabajo: "Caminaba yo con dos amigos por la carretera, entonces se puso el sol; de repente, el cielo se volvió rojo como la sangre. me detuve, me apoyé en la valla, indeciblemente cansado. lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás temblando de miedo, y sentí el grito enorme, infinito, de la naturaleza". Algunos recordarán esta pintura en la sala de alguien conocido... De manera irónica -algo que tampoco se me da pero que lo trabajo de vez en vez- aquí dejó una foto tomada en algún restaurante de Panamá o Santo Domingo por mi hermana: el malentendido histórico no perjudica lo comida.
PS. Perdón por la tardanza en subir algo.